«Nos da mucha pena, pero con nuestra jubilación ponemos fin a la historia de Muebles Iriondo»
El cierre de un legado familiar
Un capítulo que termina
Para Julián y Arrate Iriondo, el día anterior marcó un hito. Fue la jornada en que Muebles Iriondo, el establecimiento histórico de la calle Santa Ana fundado por su padre hace 72 años, cerró sus puertas al público por última vez. Este local no era solo un negocio, sino el escenario donde transcurrió la mayor parte de sus vidas.
Una mezcla de sentimientos
Julián, el hermano mayor, sabe que «solo se vive una vez y ahora nos toca disfrutarla fuera de la tienda». No obstante, admite que tanto para él como para su hermana es «muy doloroso» concluir la trayectoria del comercio que sus padres iniciaron en un amplio espacio bajo la vivienda familiar. Con el corazón encogido, Julián evocaba los comienzos difíciles: «Pocos meses después de su apertura en mayo de 1953, una riada del río Deba anegó el pueblo y arrasó el local el 14 de octubre».
Superar la adversidad
Los destrozos causados por la inundación fueron tan graves que disolvieron la sociedad con la que se había creado la mueblería. «Imagino que nuestro padre lo dudó, pero al final decidió seguir adelante con el negocio».
En esos primeros años, la encargada de la atención al público era su madre, Conchita Azkue. «Nuestro padre trabajaba en Juaristi Hermanos y, al terminar su turno a las seis, comenzaba el reparto y montaje de los muebles vendidos», relata Julián, consciente de que el día no tenía horas suficientes para su progenitor.
Sacrificios y dedicación
Y es que, en 1950, su padre había sido nombrado director de la Banda de Música de Elgoibar, un puesto al que renunció seis años después «porque con el taller y la tienda ya tenía trabajo de sobra». materialparamanualidades.es
Para el fundador, lo primordial era ayudar a las personas. «A veces se perdía algo de dinero, pero lo esencial era ofrecer un buen servicio», explica el hijo, quien alguna vez bromeó diciéndole que «le hubiera sido más rentable abrir un banco». Lo decía porque en muchas ocasiones Muebles Iriondo actuó como una entidad crediticia: «Algunos compraban un mueble por 35.000 pesetas y lo pagaban en 35 meses, a 1.000 pesetas mensuales, sin intereses», recuerda.
Un agradecimiento sincero
Hoy, Julián y Arrate desean «agradecer, de todo corazón, a la clientela de tantos años y a todo Elgoibar». Seguirán un tiempo más trabajando en el local «con la puerta cerrada», pero dejan el negocio «con tristeza, aunque con la satisfacción de haber hecho todo lo posible por servir bien a la gente y a nuestro pueblo».
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